Las lágrimas surcaron mi rostro, como ríos
fugitivos y mi corazón fue una veleta
movida por el viento.
Esperé una nueva primavera mas,
en mi pecho se marchitó la flor de mi juventud
y el eco del amor, se fue debilitando
entre las paredes del silencio.
Tuve una fe inquebrantable en el ser humano,
hasta que brotaron las espinas
de la indiferencia, con un recatado rictus
de pasividad al uso, como una espada vertical
que lograba herir mi conciencia,
a pesar de todo devoraba las piedras
que encontraba a mi paso.
Triste madurez, bajo una luna de sangre y miel,
fluyendo por mis venas, cada vez más duras
y angostas, por cuyo caudal, la vida fue
vertiendo un flujo de experiencias,
entre mis pensamientos y divagaciones.
Escrito en Marzo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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