después de devorar la tierra,
que se abría paso, bajo nuestros pies.
Era la tensa calma de una angustia,
predecesora de un desastre remoto,
que llegó a alcanzarnos
durante un sueño agitado por el insomnio,
agorero de una inquietud telúrica,
que anunciaba la pérdida de un hogar vacío
y una esperanza, ahogada en un cubo de zinc.
Afuera, iban cayendo las últimas estrellas,
sobre las calles desiertas, y un presagio
incómodamente cierto, se desmembró
en hilos de constancias, sobre las arenas
del tiempo.
Fuego y agua.
En el aire van quedando las huellas grises
del humo, atravesado por el brillo
de un rayo mortal.
Escrito en Marzo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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