deshaciendo la seriedad del rictus último,
declarado en la arcilla.
Nada que agregar a la notoria abertura
de las calles, o a esa prolongación de una vía,
hacia un destino no nombrado, adivinado
tal vez, sobre el mancillado hueco que queda
en la memoria, cuando ya nada importa
y llegamos tarde al sepelio de la razón.
La súbita muerte del tiempo, origina
la angustia que dejó un ayer, sin brillo apenas
y hoy nos lamentamos, al no recordar
esos instantes que se fueron vaciando
sobre las horas derramadas.
La belleza del metal, rompe la ternura
de una mirada, bajo un techado de estrellas,
que nos observan en esta noche, enhebrada
de silencios y murmullos.
Escrito en Marzo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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