Vacías, con las palmas vueltas hacia arriba.
Unidas en la oración y entre ellas…
¡Nada! ¿Qué pides? Si nunca llevaste
en ellas unos gramos de amor
o algunas semillas que puedan brotar
sobre la tierra.
El pan de los pobres se amasa con sudor
y entrega.
Con lágrimas amargas se hace el pan ácimo
y sin levadura que crezca en el ánimo
y la esperanza.
¡Mírate las manos! Limpia de ellas, la sangre
de tus hermanos.
Los ignorados, los tristes, los olvidados de Dios,
en tierra de nadie.
Ahora, observa tu alma y dime…
¿Qué transparencia tiene?
¿Hay un hueco en tu casa, para quienes
lo perdieron todo?
¡Mírate las manos! Pero mejor, llénalas
con tu amor y con los frutos de la tierra.
Ahora, sal al mundo y ofrece a los demás,
la mejor versión de ti mismo.
Escrito en Noviembre 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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