y apóstrofe del viento.
Tenue insinuación de un acercamiento
a la belleza, que se muestra ignorando
tal vez, su hermosura.
Ella, paso raudo, temeroso del encuentro
con otras huellas, que se mecen en las
profundas realidades de un deseo,
aún no nacido o manifestado.
Ella, baluarte de luz que no pesa, no ciega,
ni invade.
Agua que discurre en un único pensamiento,
que atesora su imagen entre nieblas eternas,
que desatan los anudados espacios
del tiempo.
Ella, juventud que toma su forma y esculpe
un cuerpo, femeninamente perfecto
y exacto, allá donde la curva perece,
para abrirse nuevamente hacia el seno.
Seno, cuya parábola ejerce una ingravidez,
que se eleva hacia el rostro.
Ella, matizando amaneceres de un rubor,
que crece y enerva al tibio sol,
que se esconde dentro de mi corazón.
Escrito en Noviembre 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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