sábado, 29 de noviembre de 2025

El reloj no detiene su paso.

El tiempo se consume 
danzando entre las horas,
no admite las demoras
de aquel que, aún presume 
de ver sobre una esfera, 
todo un tiempo de espera,
guardando su perfume.


El tiempo deja esporas
que el viento va arrastrando,
la vida va pasando 
al ritmo de las horas.


Su llama sigue ardiendo 
y la ceniza miente 
todo lo que presiente
pues al final su entrega,
tarde o temprano llega,
con gesto indiferente.


Y por su cualidad 
de príncipe bohemio,
nos arrebata el premio 
en esa realidad,
que al punto se deshace 
y no deja un enlace 
del tiempo disfrutado,
porque ya ha devorado 
todo cuanto vivimos 
y en su reloj, desgrana
instantes, con la vana
experiencia que sentimos 
y así, nos convertimos 
en un mero recuerdo.


Cuanto he vivido, pierdo 
en la memoria inerte
y el tiempo que se invierte,
quemándose, se esfuma,
como una leve espuma,
que agota su presencia,
dejando en la consciencia 
cenizas de un momento,
borradas por el viento 
que sopla en nuestra vida,
quedando resumida,
en ese breve instante,
sobre un reloj distante.

La vida fue muy bella,
pero borró su huella,
se acaba consumiendo 
su llama, y sigue ardiendo 
en nuestra percepción,
pues nuestro corazón,
la guarda en la memoria,
como una hermosa historia.

Escrito en Noviembre 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.






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