que acogen y resguardan.
Todo el cariño cabe en ese espacio,
en el cual nos encontramos seguros.
¿A dónde, ese gesto tan noble?
¿En qué momentos nos sueltan, para tropezar
por primera vez con la vida y las abruptas piedras
que están en nuestro camino?.
Las manos son la prolongación de nuestro
espíritu, pero los brazos pueden ser, un refugio
o una prisión.
Una conexión entre dos cuerpos y dos almas.
La gratitud expresada en un gesto, y ese
recibimiento emotivo, que nos acoge para
expresar la alegría del encuentro.
Los brazos, esos brazos que se estiran,
para alcanzar el azul del cielo en nuestros
anhelos.
Esa llamada sin voz, que acude a nosotros
para ser confortada.
No existe un vacío en ese espacio, en el cual,
cada entrega es única y brota desde
lo más íntimo de nuestro ser.
Escrito en Noviembre 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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