Aquí, nada se nombra,
el precio se ha caído
fundiéndose a su sombra.
La vida ha copulado,
a ciegas, con la muerte,
sin pensar que su suerte,
es un eco callado.
El cielo se derrumba,
ante el clamor del trueno,
mezclándose en el cieno,
la cal de nuestra tumba.
Mis dientes se estremecen,
en mi boca, temblando,
no sé qué está pasando
y los problemas crecen.
Nos vamos sometiendo
por fuerza de costumbre,
nada que nos deslumbre,
se acaba padeciendo.
Nuestro dolor… el sino
en la fuente del progreso,
más duele el retroceso
al borde del camino.
Evita que se ahogue,
en tu garganta, el canto,
un excesivo llanto,
impide que dialogue,
tu cuerpo con tu alma.
Tras la tormenta, hay calma,
la paz que necesita
aquel que nos visita
y puede comprender,
que nada queda escrito,
si muero, resucito
con cada amanecer.
Escrito en Noviembre 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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