por no perjudicar nuestros ojos.
La penumbra nos protege, pero también
nos impide la recreación en la belleza.
El temor de un exceso de luz, limita nuestro
acceso a la contemplación y al éxtasis
¿Sabemos graduar su intensidad,
para apreciar un milagro sucesivo, que llene
nuestra visión de sorprendentes descubrimientos?
¿o viviremos siempre
entre tinieblas, ajustando el paso, ante la
presunción de una temeridad, que siempre
se ha declarado como un pecado de vanidad?
Caminamos de espaldas a la luz, con el sol
pegado a nuestra nuca y un rumor de brisa
que nos susurra al oído, aquello que vamos
dejando detrás de nuestros pasos, por no
volver la vista atrás y contemplar,
si ha merecido la pena, abrir los ojos y beber
tanta belleza.
Esa belleza que un día brotó en el resurgir
de un amanecer sobre un lejano horizonte,
que negamos por el peso de nuestros temores.
La vida es un resplandor que se consume
en su propio fuego y se alimenta
de los rescoldos que dejamos entre nuestras
propias cenizas.
Escrito en Junio 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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