jueves, 5 de junio de 2025

Las crónicas de un pequeño pueblo.

El día se ha desbocado,
silenciosamente ufano
y nos toma de la mano,
camino ya, del mercado.


Al llegar el mediodía,
suenan en  el campanario,
esos bronces, que a diario 
convocan a la homilía.


El cura, en negra sotana,
enfunda su austeridad,
camina con seriedad,
por el pueblo, esta semana.


Alto, como los cipreses,
guardianes del cementerio,
con su gesto adusto y serio,
habla con los feligreses.


-Hace tiempo ya, Ramón,
que la iglesia no visita
y hasta Jesús resucita 
para escuchar su oración.


Tengo ese mal que me aqueja
y limita lo que hago,
dice el doctor, que es lumbago 
y al caminar, no me deja 
acercarme hasta la plaza
y para hacer mis recados,
mi hija, con sus cuidados,
es la que ahora me reemplaza.


-Deseo Ramón, que sanes
y nos volvamos a ver,
cuando deje de llover,
si no tienes otros planes.


-Señor cura, he prometido,
que cuando ya esté mejor 
y pueda hacer mi labor,
todo tendrá otro sentido.


Volveré, como iba antaño 
a misa, un día al menos,
aunque llueva o escuche truenos,
tal vez al final del año.


Ya me puede perdonar,
es tan grande mi dolor,
que sabe Nuestro Señor,
que no he podido pecar.


No tuve tiempo, ni gana,
tampoco tuve intención,
si me da la absolución,
tal vez le vea mañana.


Como es costumbre, a diario,
se dirigen hacia el bar,
con un lento caminar,
cura, alcalde y boticario.


Son los tres grandes pilares 
de este pequeño rincón,
que guarda en su corazón,
su historia, ante los altares.


Un pueblo pequeño, humilde,
donde transcurre la vida,
en su tiempo no hay medida,
no lleva acento, ni tilde.

Escrito en Junio 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.


© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.








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