y el blanco inmaculado de una sincera sonrisa.
Caminaban juntos por la orilla del mar
y las olas besaron sus pies desnudos.
La aves marinas, pusieron negras tildes con
sus alas, reafirmando el azul del cielo, con el
acentuado ritmo de su vuelo.
Gozaban de un tiempo de calma, que fue
unicamente interrumpido por el rumor
de las olas.
Era algo así, como un tímido canto de sirenas,
que se bañaban en la lejanía.
Un remoto lugar entre el cielo y el mar,
de un horizonte infinito, donde perder la mirada,
en el éxtasis contemplativo.
Era la virtud de la calma y el amor,
diluido en la copa rebosante,
de un océano primitivo y salvaje.
Era un vespertino encuentro entre el mar
y dos marineros en tierra.
Escrito en Junio 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
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