Había una inercia que sujetaba el polvo
suspendido en el aire y su atmósfera
era densa.
El ocre se hermanaba con los tonos amarillos
y daba la sensación de añejo o simplemente
gastado, cualquier objeto que se veía
sobre la cómoda.
Era como un desván que almacenaba recuerdos,
donde todo permanecía inmóvil,
secretamente callado y apenas visible,
al ojo inexperto.
Se movían despacio las apariencias,
como si no quisieran tocar el suelo
y desaparecer.
Una neblina de biselada presencia,
parecía dominar la estancia, y un temor incauto y desmedido,
impedía el tacto
sobre las pertenencias olvidadas
en la habitación.
Cerré los ojos, para viajar de nuevo
a un pasado incierto, buscando lo verosímil
de toda esta contemplación.
Parecía rescatada de un lóbrego sueño,
en los confines de una realidad, tal vez
inventada y febril, pero ninguna interpretación
parecía satisfacer nada de lo que allí aconteció, en un tiempo dormido
que se detuvo dentro de nuestras memorias.
Escrito en Mayo 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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