Marchar sin un adiós, sin una lágrima
que enjuagar en el lino de un pañuelo.
En la inmensidad de la nada, se pierden
las voluntades y todo decrece o merma
sobre las diminutas inflorescencias que,
arden y se consumen como la vida misma.
Sobre el terciopelo negro, quedan las caricias
profanas y ese ruego que nunca llega
a materializarse.
Tan sólo es un deseo, que va descendiendo,
resbalando hacia el vacío, una ausencia
vencida en el olvido y una angustia
sin nombre, para justificar una improbable
existencia.
Nada que se pueda revelar, para mostrarse
en público. Nada que declarar en una aduana,
donde los sentimientos no pueden
ser detectados.
La inercia de la vida, nos conduce hacia
una soledad que marchita toda esperanza
de luz artificial y dentro de cada uno
de nosotros, hay una hoguera donde quemar
todas nuestras vanidades pasajeras.
Escrito en Mayo 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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