El temor a romper la magia del instante,
la suavidad inerte, que emerge cobrando vida
y revelando un sueño que acaricia
los sentidos.
No es la enjuta forma que yace sin vida,
sino la vida misma.
Efímera y frágil, dispuesta a poner a prueba,
el compromiso del cuidado exhaustivo
de un tesoro, que abre sus puertas
a los ojos sorprendidos.
Nada que no pueda ser perturbado,
tiene tanto interés, como la seda cristalina
de las alas de una mariposa.
Iniciamos un vuelo, lento e impreciso,
pero nuestra mente, perdida en divagaciones,
encuentra un nuevo motivo y se dedica
por entero a preservar la luz sobre todos
los huecos de nuestra existencia.
Luz rescatada de la frialdad de la luna,
ahora cálida y sutil, acariciando la piel.
Acaso se escuche una voz tenue que, declare
la magia del instante y pronuncie, con sumo
cuidado, su nombre, para evitar que sus alas
se quiebren por el peso de su propia realidad.
He aquí el milagro de la fragilidad del ser,
en ese hilo suspendido, que permite que,
una lágrima se deslice suavemente, abrazando
la levedad de su existencia.
Escrito en Mayo 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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