postizas y se prostituye, emulando a la vida,
bajo los efectos de los narcóticos.
Calma o sueño lúcido, que explota
en un vientre que ha parido colores diversos.
Todo se imita, copia o calca, en un intento
de recrear un vértice que se aproxime
a una realidad inventada.
Los sacerdotes azotan a las vírgenes,
para limpiarlas de toda santidad,
y en la hoguera, donde se inmolan
los creyentes, queman sus bragas impolutas,
temerosas de un dios ímpío, que las juzgará
y condenará.
Los hombres han perdido todo el interés
por el sexo y copulan con válvulas de vacío,
que exprimen toda su esencia y voluntad.
La muerte, la hermosa muerte, acude
al canibalismo presentado en sociedad,
como una alternativa a los desmesurados
vicios.
La carne, huele a sangre y tormento,
a pecado no redimido y a locura, enardecida
en los cánticos profanos.
La vida carece de sentido, porque no excita
ningún pensamiento anómalo, que pueda
romper la densidad de la rutina,
Sólo la muerte, la hermosa muerte,
desnuda y desvestida de prejuicios,
se pasea entre cadáveres insatisfechos,
por una penosa vida que, afortunadamente
concluye, a golpes de martillos, hachas
o límites rotos en las conciencias.
Escrito en Mayo 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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