lunes, 26 de mayo de 2025

¿Falta mucho para llegar al Infierno?

La muerte, la hermosa muerte, lleva pestañas 
postizas y se prostituye, emulando a la vida,
bajo los efectos de los narcóticos.


Calma o sueño lúcido, que explota
 en un vientre que ha parido colores diversos.
Todo se imita, copia o calca, en un intento 
de recrear un vértice que se aproxime
a una realidad inventada.


Los sacerdotes azotan a las vírgenes, 
para limpiarlas de toda santidad, 
y en la hoguera, donde se inmolan
 los creyentes, queman sus bragas impolutas,
temerosas de un dios ímpío, que las juzgará
y condenará.


Los hombres han perdido todo el interés 
por el sexo y copulan con válvulas de vacío,
que exprimen toda su esencia y voluntad.
La muerte, la hermosa muerte, acude 
al canibalismo presentado en sociedad,
como una alternativa a los desmesurados 
vicios.


La carne, huele a sangre y tormento,
a pecado no redimido y a locura, enardecida 
en los cánticos profanos.
La vida carece de sentido, porque no excita
ningún pensamiento anómalo, que pueda
romper la densidad de la rutina,


Sólo la muerte, la hermosa muerte,
desnuda y desvestida de prejuicios,
se pasea entre cadáveres insatisfechos,
por una penosa vida que, afortunadamente 
concluye, a golpes de martillos, hachas
o límites rotos en las conciencias.

Escrito en Mayo 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



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