brillantes y una mineral constancia, detienen
las horas en los vértices de la memoria.
La brisa susurra en el oído, requiebros
de amores, que dejaron su impronta
sobre la levedad de un aire, perfumado
de flores y besos.
Sobre las páginas de un libro, los poemas
bailan entre recuerdos, y las caricias emiten
con su muda voz, esa ternura tantas veces
añorada.
Sobre la quietud del agua, las emociones
afloran, antes sumergidas ante el temor
de la inerte roca, que llega a herir el presente
con sus aristas, al recordar tiempos pasados,
que retornan desde las profundidades
de nuestra alma.
Nos cuesta admitir que, somos lágrimas
que perpetúan cada instante vivido,
en la emoción de los encuentros,
para dejarnos llevar y afianzar los suspiros
que brotan desde nuestro pecho, un segundo
antes de fundirnos en el crisol de un sincero
abrazo.
Escrito en Mayo 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario