jueves, 26 de febrero de 2026

Necesito alargar mi vida.

El cielo puede esperar,
tengo cosas sin hacer 
y las debo de emprender,
hasta verlas terminar.


No llevo una vida ociosa,
si es que por ocio, se entiende,
cada labor que se emprende 
de una manera copiosa.


No considero labor 
a algo que te entretiene,
que se marcha, igual que viene 
y deja un grato sabor,
sobre el perfil de tu boca,
sabor de triunfo, en el día 
en que sientes la alegría,
por tu labor, se desboca.


Y sabes, dando por cierto,
que te ocupa un tiempo largo,
pero no resulta amargo,
ni tampoco es tiempo muerto.


Tiene la vivacidad 
del logro que es conseguido 
y acompaña tu latido 
con señas de identidad.


Es esa vasta extensión 
de tu ser, que se proclama,
cuando se enciende la llama
y surge la creación.


Nunca la vida es ociosa, 
si sientes que lo que haces,
son metas que satisfaces,
pues tu labor es hermosa.


El cielo puede esperar,
la voz clama en el desierto,
declarando que no ha muerto 
y hay trecho que caminar.  


Mi vida marca el camino,
que debo seguir, por suerte 
y no le temo a la muerte,
pues conozco mi destino.


Necesito que mi vida 
se alargue lo más posible,
que el tiempo se haga visible
y crecer con su medida.


Antes del anochecer,
cuando mi vida se agote,
también quiero que se note,
lo que he podido emprender.

Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.






No hay comentarios:

Publicar un comentario