lunes, 23 de febrero de 2026

Alma de roble.

En el silencio cautivo 
guardo mi esencia y mi sino,
decidido en mi destino,
por el cual, aún sigo vivo.


No me planteo cuestiones,
o preguntas sin respuestas,
tampoco busco propuestas,
que excedan sus proporciones.


Porque sobran las razones,
para el fiel mantenimiento,
del más puro pensamiento,
que sin duda, ya supones.


Si falta la sobriedad,
que pueda al fin, convencerme,
nunca lograrás vencerme
y en honor a la verdad,
he de decir, convencido,
que no puedo ser herido,
si hablas con sinceridad 
y carísma en la razón,
partiendo de un corazón 
que ha encontrado su verdad.


Porque en su afán, ha previsto 
el camino ha recorrer 
y habrá en cada amanecer,
algo nuevo, nunca visto.


Cada día se soslaya 
en un nuevo aprendizaje,
uniéndose al mestizaje 
de una idea que se ensaya.


Porque vaya donde vaya,
siempre he podido encontrar
algo que me haga pensar,
a la orilla de una playa.


El aire huele distinto,
cuando me voy acercando,
me siento bien respirando,
tal vez sea por instinto.


Pues brota del corazón 
un gozo que, incomprensible,
hace mi vida plausible,
pletórica en la emoción.


Al sentir la cercanía 
de la tierra en que nací,
hace tiempo prometí
que jamás me marcharía.


Como un árbol viejo y noble,
en ella están mis raíces,
los colores y matices,
en la madera de un roble.

Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





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