roza el cielo con penuria,
abriendo sus alas, teñidas con el carmín
de su sufrimiento.
Los arrecifes se llenan de esperanzas,
de grandes vuelos que caen abatidos
sobre la tierra.
El mar llegó con un oleaje de espumas
y penas, balbuceando palabras lejanas
e impronunciables, que descendieron
por los acantilados de piedra, cortada
y sesgada como por un rayo, un segundo
antes de declararse un temor irracional,
con la autenticidad de ese sueño que,
esparce sus semillas sobre los abanicos
del viento.
La velas de un pequeño esquife, se agitan
e intentan disimular, que en realidad
se trata de ropa interior, que el tiempo
se dedica a estirar, para quitar las arrugas
de su malestar.
La risa enmudecida, se trasforma en el rictus
que amplía
su horizonte, al esbozar
una sonrisa sincera.
Las aves retornan a los acantilados y el sueño
termina describiendo una órbita alrededor
del vuelo de una mariposa.
Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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