de la iglesia.
Había un silencio tenso, como una palabra
sin pronunciar, al borde del labio
o el paladar.
Mis brazos fueron una extensión
de mi espíritu, queriendo abarcar
el vacío de tu ausencia.
La calle parecía más grande,
de lo que soy capaz de recordar y estaba impregnada
de olores a frituras y perfumes femeninos.
Las esquinas de las calles abrieron sus codos,
para recostarse sobre los transeúntes
y un decidido vuelo de cigüeñas, cruzó el cielo
con dirección al campanario.
Abril se vistió de flores y ternuras.
En el breve espacio entre un silencio y otro,
un beso dedicó su armónico estallido,
posándose sobre unos labios carnosos,
núbiles y enamorados de la magia del instante.
Volvió la reconciliación con el encuentro
y las campanas volvieron a sonar con júbilo
en la torre de la iglesia.
Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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