Abrir los senderos, los cuerpos inermes
de blanca ternura, en la compasión del oído que,
atento escucha en la bendita misericordia
de un fluido abrazo.
Como un único hermano, en la salvedad
de un mundo gris, cuyos colores se hallan
en el arcoíris y para encontrarlos, debemos
prudentemente, elevar los ojos al cielo.
La lluvia limpia los cuerpos y las almas.
La tierra sedienta, abre su garganta
desde la entraña y de nuevo el sol la besa
cálidamente, extendiendo sobre el cielo
un arcoíris.
Así, de la mano, como perdidos en la niebla,
buscando la lágrima pura de la mañana,
en el rocío.
Tú y yo, diciendo sin palabras lo que ya sabemos,
conectando con otras realidades que, emergen desde el fondo,
para anidar en el corazón y en la mente.
Tal vez, aves solitarias que no desean emigrar
a otras tierras, donde el frío invernal,
es perenne en el ánimo de las personas,
carentes de sentimientos, ya que fueron
abandonados en los abismos
de su inconsciencia.
Escrito en Septiembre 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz “.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
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