sábado, 17 de agosto de 2024

Ganándose el respeto.

Hay cosas que no se cubren,
con las palabras hermosas,
sucede que son las cosas.
que al final, nos las descubren.


Se exceden sus proporciones,
con un halo de maldad
y en honor a la verdad,
no son firmes sus razones.


Su perjuicio puedes verlo 
y lleva a una reflexión:
Sí es bueno pedir perdón, 
mejor, no tener que hacerlo.

Medítalo por tres veces
y actúa con convicción,
ganarás por tu intuición,
el respeto que mereces.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.






A ese amigo que, ya no está entre nosotros.

Llevaba la noche dentro de su alma
y la fue bebiendo en silencio, para morir 
sin palabras, para no dejar tras de sí…
un reguero de lágrimas.


El fulgor de su vida era una llama diminuta,
que se consumió en el pábilo de su frágil 
cuerpo de cera.
Hay cristales rotos en los ojos que no
derramaron lágrimas y él marchó sin un adiós 
de despedida.


Su recuerdo amarillea en las viejas fotografías 
y sobre su lápida, alguien desconocido,
coloca cuidadosamente unas pequeñas flores,
con diminutas gotas de agua 
entre sus pétalos.


Se fue bebiendo la noche, para morir 
en silencio, pero cada estrella que contemplo,
me recuerda el brillo de sus ojos.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




viernes, 16 de agosto de 2024

La experiencia nos ayuda a vivir.

Luz y sombra, los reflejos 
poco a poco se oscurecen 
y entonces desaparecen 
de los mágicos espejos.


Así ocurre en la inquietud,
que, en la vida manifiesta, 
el tiempo que nos afecta
durante la juventud.


No admitimos los consejos,
por ser indisciplinados,
nunca serán escuchados,
porque son “cosas de viejos “


Cuando habla la experiencia,
debiéramos escuchar,
por lo que pueda pasar,
si no tenemos paciencia.


De joven todo se anhela 
y se quiere conseguir.
nuestras ganas de vivir,
es como un barco de vela.


En esta navegación,
la travesía es amable,
sopla un viento favorable
y se silba una canción.


Difícil empresa y obra,
nos queda aún por delante,
sin la cabeza pensante,
nuestra embarcación zozobra.


Así, nuestra joven mente
evoluciona en progreso,
escuchando algún consejo,
que sirva de referente.


Aun siendo de otras vivencias,
siempre nos pueden servir,
pues el arte de vivir 
se mide por experiencias.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.


jueves, 15 de agosto de 2024

Como el fuego.

Como el fuego que, en llamas redentoras,
consume al fin los espinos que, a las flores 
reducen con sus garras opresoras,
en halos de crepúsculos y auroras
del alma nacen y arrebatan los amores.


Que nunca hallará un rey en sus honores,
alzando su espada vencedora,
siquiera entre los gritos y clamores,
que el pueblo les tributa a sus señores,
el néctar de su miel embriagadora.


El júbilo que, presto se derrama 
y brilla de tus ojos, adorando 
la imagen que recuerdas de tu dama,
no tiene otros fulgores que, la llama 
de amor, que entre tu pecho está anidando.


El amor es un sueño despertando 
y al pórtico del alma siempre llama,
al corazón lo inquieta, golpeando 
un ritmo, porque en tí se va aumentando,
sí sientes cerca el cuerpo de quien se ama.


Como el fuego que entre llamas se levita
y en lenguas acaricia el firmamento,
así es el amor cuando crepita,
un Lázaro que, presto resucita
acude a tu llamada y tu lamento.


Un soplo que, en tu oído es suave aliento 
y al fondo de tu ser se precipita,
que ,a tu dolor lo calma con su ungüento 
y a tu virtud la nutre de alimento,
creciendo entre los males que ésta evita.


Que nunca escuchará tu casto oído 
tan dulce y lisonjera serenata,
ni al éter vibrará mejor sonido 
que el labio que, de amor enfebrecido,
un estallido al beso le arrebata.


Por el amor se vive, muere y mata,
cuando se pierde el rumbo y el sentido 
y es tan grande el poder que éste desata,
que no hay cabeza loca, ni sensata,
que, amando, la razón no haya perdido.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Buscando sentido a la vida.

Tal vez suceda que abogo por la palabra,
ese hierro retorcido que moldea las ideas
a su capricho.
El borracho que permanece más tiempo 
sobrio, se ríe de los que están peor que él
y el más cuerdo de los locos se ríe 
del resto de los locos, porque posee la razón 
y le añade unos gramos de locura.


La pista es soñar más que los cuerdos,
la pista para que los sueños, no consigan 
atormentar nuestro cerebro.
El entorno no es siempre, lo que nos circunda 
y domina, puedes elegir el círculo concéntrico,
en el cual te has de mover.


Así es, círculos concéntricos, donde la razón 
gira y no consigue escapar, aunque la gente 
vulgar lo ignore, porque están 
tan acostumbrados a girar, que la quietud 
los mataría.
¿Por qué no morir? Si la vida no es más que 
un paréntesis, una frase o vida, que aparenta no huir y escapa como nube al viento, deshilachada en el firmamento.


¿Qué es entonces la vida? ¿Una dicha o
una condena?
Sí unimos las cadenas que nos sujetan,
encontraremos el motivo de nuestra esclavitud 
y el final de nuestra libertad.
Somos libres, sí aún sabiendo que no lo somos en su totalidad, conocemos el peso 
de nuestras cadenas y la longitud de los
vuelos cortos.


La libertad nace en el alma y vuela en el firmamento del amor, sólo mi cuerpo me limita,
pues es el eslabón que me une y sujeta 
a la tierra, a la materia.
Me he de morir, como semilla sepultada 
en la tierra, que desprendida, deja paso 
a una nueva vida, a una nueva flor.


Mi libertad está en vosotros y está en mi,
sí no amara lo que en vosotros se perpetúa,
besaría al vacío y un amor vacío no es sino 
la sal que agrieta los labios, de aquel
 que busca en las aguas del mar, calmar 
su insaciable sed.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





miércoles, 14 de agosto de 2024

Antinomias.

Mientras las esferas gravitan, las jaquecas 
se suceden como olas movidas por el viento.
Duermo poco y sueño mucho despierto.
Me devoran mis propias ansias de devorar 
el tiempo.


Me devora el tiempo, un implacable ojo
espía mis actos.
Soy irresponsable y es una responsabilidad 
serlo, puesto que soy responsablemente 
irresponsable.
De todas formas, no es responsabilidad 
totalmente mía ser así.


No cambiaré, soy el calcetín que lleva 
idéntico diseño del derecho o del revés.
Y ya veis, tanto me preocupa que no concilio
el sueño, vamos que tampoco me preocupa 
conciliarlo, no todo se puede conciliar.


Mi peor amigo, nunca será mi mejor enemigo,
sólo por el hecho de haber sido amigo mío.
Sin embargo, por mucho que lo intente,
mi mejor amigo nunca logró, ni siquiera 
remotamente enemistarse conmigo.


Son antinomias, el juego de palabras,
la yuxtaposición de ideas enfrentadas 
y la resolución final de lo ya resuelto.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz “.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




martes, 13 de agosto de 2024

Una luz en medio de la oscuridad.

¡Cuántas veces pronuncié tu nombre,
buscando entre la pulpa amarillenta,
un pecho exhausto, en el cual reposar
mi cabeza!


Llamé a una puerta cerrada y ni siquiera 
descorrieron la mirilla, al menos 
por curiosidad.
No tengo abrelatas para una boca, 
que esconde en su interior la virtud y 
el pecado, el amor y el odio.


¡Cuántas veces traté de abrir las vísceras
para dejar penetrar la luz!
En el candil de unos ojos, brilla un fuego, 
alimentado de sus propios despojos
Y es tan débil el estertor de su llama,
que hasta los difuntos tropezaban a su paso.


De un labio incorrupto, nace un beso desprendido, 
salvo en los caracoles,
que dejan sus babas sobre la tierra,
pues su cuerpo carece de labio y se arrastra 
sobre sus huellas, sobre sus propias huellas.


Acaso el eco enmudeció en la voz que vagaba 
por el éter propagando una fe recién nacida.
Acaso el viento transmutó en polvo 
el barro seco, con el cual se trataba 
de moldear el hombre nuevo.


Siglos de espera ante la gestación de un ser,
que el mundo no ha parido todavía, ni lo parirá,
mientras su mente no abrigue una nueva 
esperanza.
Mientras nuestros hijos no vuelvan sus rostros 
y todos nos veamos cómo somos;
Hijos y hermanos de un mismo destino.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





Más cerca aún.

Me gusta reposar en ti.
Hablar a los silencios, con mi silencio.
Hornear mi cuerpo con el calor de tu cuerpo.
Volar hasta el balcón de tus ojos y desde allí 
asomarme a tu alma.


Me gusta ser la línea de tu horizonte, 
la brisa suave que se mece entre tus dedos.
Para sentirte más, para amarte más,
aún en la ausencia de mis sentidos.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.


 

El amor o la muerte.

Sí me secciono en dos abriéndome,
es porque quiero que conozcas 
mis profundidades.
Sí acaso el mar se ve tranquilo en su superficie, 
tal vez ignoremos la marea 
que recorre la densidad de su cuerpo 
bajo las olas.


Me amarás o no, pero sabrás a qué 
o a quien amas.
Conocerás la alquimia interna que forma y moldea mi exterior.
Así, no amarás sólo mi cuerpo o mis palabras,
también amarás mi alma.


Me desnudo ante ti en cuerpo y alma.
¡Así es como soy!
¡Dame la vida con tu amor o la muerte con 
tu indiferencia!

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.






¡Sígueme!

¡Qué gire en mundo solo!
Estoy anclado lejos, muy lejos, 
en el celeste cuerpo, buscando el vuelo ágil 
de las mariposas de la luz, con la locura 
en los ojos y la inocencia en las manos.


Abierto de par en par, sin celosías, sin muros 
sobre el pecho asombrado.
Desnudo vegetal y humano a veces,
pájaro del destino y rebelde torbellino 
de ideas jugadas.


¡Qué gire el mundo solo!
Rey de las miserias, que busca
espuma de mar en una lata vacía de cerveza.
Astros de bolas de papel, cruzan con el viento 
las ventanas y no arden con violencia,
porque contienen palabras de humo
y claridades de ojos tiernos.


Reverbera el estallido de un cañón 
en las colinas, pero sus cumbres ignoran 
su vómito de odio. 
Sólo el vuelo del águila es presenciado 
y esa paz infinita de alas, de dedos blancos 
atmosféricos, sobre el verde tendido 
y un azul evadido a las alturas.


¡Qué gire, si!
¡Qué ruede la mundana locura de blancos dientes!
¡Qué se abran pabellones, para llenarlos
de nuevas angustias!
Pero tú ¡Tú sígueme!
¡Sígueme con las palmas extendidas y los pies
danzando!
No temas, otra es mi locura. No dañará 
tu frente pura. Ceñirá con flores tu cuerpo 
desnudo y frío.


Buscaremos en ella un rincón para el humano 
sin manchas.
Tan sólo el agua, para lavar nuestras manos.
Tan sólo luz, para lavar nuestras mentes.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




lunes, 12 de agosto de 2024

La primera entrega.

¡Detente!
Eres gacela rauda ante mis torpes ojos 
que te admira.
Eres la curvatura de un arco tensado 
que dispara miradas al firmamento.


No puedo seguir tu paso, es tan esbelto 
tu talle que, entre árboles hostiles,
te confundes con las sombras.
¡Ah! ¡Qué inspirado soplo moldeó tu silueta!
¡Con qué delicado aplomo usó el cincel,
aquel que te esculpiera!


¡Detén el paso!
Dame el tiempo necesario para imprimir 
tu imagen en mis sueños.
Holgadamente, con el tiempo que recrea
las yemas batidas en un cuenco.


Atesorarte sería descerrajar las bisagras 
de mi indiferencia, lanzar al viento esporas,
sobre las aguas lentas, pulidoras de cauces.
Hoy te he presentido. Te vi fugazmente 
en las hojas de los sauces, cuyas ramas 
se inclinaron cortésmente, saludando 
al primer soplo de brisa matutina.


Te he visto sin nubes, vestida de raso azul,
danzando ingrávida.
Evolucionas en fintas melosas,
 nerviosa libélula sobre el labio nacarado 
de una flor, bebiendo el fuego enamorado
que, el sol dejaba en el horizonte.


Te sentí tan corpórea, que sentí temor 
de mi cuerpo, por un momento pensé 
en profanar con mis caricias, 
el templo de la belleza que, un dios sin rostro 
puso en ti.


Me sobrecogí, adorándote en silencio,
perdido en la última columna que permite 
el acceso a tu altar.
Entonces ví que eres real y tal fue 
mi extrañeza, que tu cuerpo tallado a besos,
incendió mi alma con fuego abrasador.


Una llamarada de brazos me rodeaba
y mi piel se abría como un horizonte 
a un crepúsculo ruborizado en gozos.
Un himno glorioso se hizo eco de pájaros 
y campanas de cristal, que al viento sonaron 
en el arpa sin cuerdas del alma.


Las alas transparentes de un susurro 
batieron palabras de amor y mis oídos 
despertaron como la tierra dormida,
cuando la lluvia se deshace en joyas sin tallar
y se engarzan con anillos sobre su cuerpo,
polvoriento y triste.


Al igual que la tierra abre su entraña, 
mis brazos se extendieron, queriendo abrazar 
tu figura, ciñéndome a tu talle como leve
espuma de mar, en el pie inocente de un niño.


El cáliz que contenía todo mi amor,
se derramó hacia ti, desde el brocal de mi boca, 
balbuceé emocionado, lo que mi alma 
y mi cuerpo trataron de expresar, 
convirtiéndose en torpes y dulces palabras.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.






A un reproche de amor.

El amor nace del fondo, en la conciencia,
mas, llegan tus palabras en la noche,
como un lánguido deseo o un reproche 
que brota en nuestros cuerpos con la ausencia.


Difícil es amar, por la impaciencia 
de ver un choque de astros constelados,
hay huecos que, en el alma, provocados 
son fruto de un amor sin complacencia.


¿Por qué anhelan mis ansias tu presencia 
y siento una oquedad en el vacío?
¿Por qué suena lejano un: Amor mío
y sufre el corazón por su carencia?


Distante en el amor es la fortuna 
de amarnos con el cuerpo y con el alma,
mi rostro palidece sin la calma,
de verte con tus nácares de luna.


Se sufre una distancia inoportuna,
llevando en nuestras vidas, tempestades,
naciendo de las dudas, soledades 
que crecen con el tiempo en una duna.


Se angustia el pensamiento, triste, enjuto,
al no encontrar tu cuerpo junto al mío 
soy víctima de un loco desvarío,
vacía está mi mano, sin su fruto.


Amor, la eternidad es el camino
que une a los amantes corazones,
amar es la razón de mis razones,
que debe estar presente en mi destino.


Nunca le niego amor a quien, amada,
perdura en mi recuerdo floreciendo,
disiparé mis dudas, admitiendo,
que dejo mi pesar junto a la almohada.


Tan sólo es un temor ¡Amada mía!
de ser mortal y ver que soy amado,
no sé si este cielo lo he ganado,
sí tal vez sin saber, lo merecía.


Sumidos en las simas del averno,
el tiempo que transcurre, deja heridas,
son nuestras soledades desmedidas,
en nuestro padecer, nace un invierno,


Es esta gravedad desmesurada,
que hace que me sienta desleído
y por mi incertidumbre, poseído,
perdiendo mi razón, ya descarnada.


Ignoro sí mi amor en ti vertido,
es ese amor que siempre habías soñado,
no sé, sí cuánto doy es lo esperado,
pero te amo hasta el último latido.


Travieso es el amor, por caprichoso 
y muda entre su forma y su textura,
no sé sí nuestro amor, crece y perdura,
o muestra su perfil por vanidoso.


No sé la extraña forma que acompaña,
siguiendo a un sentimiento tan humano,
ni sé qué amor recoges en tu mano,
tampoco he de saber por qué se empaña.


No miento y al amar, te soy sincero,
la forma en que te amo no he elegido,
no quiero que se quede en el olvido,
tus lágrimas amargas, no las quiero.


Yo quiero que en mí vivas, sí dichosa,
tú sientes que tu amor correspondido,
ocupa un buen lugar, el preferido,
pues sí esto no es amar…no sé otra cosa.


Y sí el amor de forma mudaría,
no pienses que jamás yo te he querido,
yo vuelo junto a ti, pájaro herido,
pues eres esa estrella que me guía.


No dejes mal sabor, pues son atroces
las despedidas, sí es que me has querido,
perfecto es el amor, porque ha nacido 
allá en la cuna noble de los dioses.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.






Castillos en el Aire.

No ha brotado la flor de mi ideario,
campana al viento, muda, que no suena,
ceñida por el moho de amarga pena,
que angosta su garganta en mi calvario.


¿De qué sirve tener el alma llena,
rebosante de adjetivos de ternura?
Sí la tierra en la que siembro es inmadura,
si se muere al sol la flor o se envenena.


¿De qué sirve sobre el labio la ambrosía,
que, en las mieles, su dulzor nos arrebata?
Sí hay un rígido silencio que la mata
y se aja antes de acabar el día.


¿Son mis pasos, que en la ruta se detienen
al buscar una salida entre zarzales?
¿O es el cierzo que golpea ventanales,
de unos ojos que sus lágrimas retienen?


No florece y la tierra entre mis manos,
forma un barro y no encuentro su sentido,
barro denso en mi cuerpo estremecido,
barro inerte sobre áridos rellanos.


Una pronta levedad de amaneceres
se desprende en sol radiante y oriflamas 
y un crepúsculo encendido, todo en llamas,
se sumerge bajo un mar de atardeceres.


Nada queda bajo un cúmulo de estrellas,
sólo el hielo que, en las noches consteladas,
por el frío entre las piedras aceradas,
sobre el suelo quedan sus inertes huellas.


Soy el día que en la noche se querella,
celoso amante de los piélagos distantes,
que robaron las estrellas rutilantes 
a la amada claridad de su doncella.


Ahora sufre y es por culpa del destino,
que se cierne sobre sus carnes inermes,
no confíes en la noche, mientras duermes,
bebe a sorbos la dulzura de un buen vino.


Queda sólo un estertor, que mortecino,
se resiste, tenue luz desde mi sombra,
sufro escéptico, pues ya nada me asombra,
se separa lo mortal de lo divino.


La inquietud desde los flancos de mi alma,
se traduce en un feroz desasosiego,
lo medito, no lo acepto y siempre niego 
cada instante que agitó mi dulce calma.


Construyendo aquí en la tierra y en los cielos,
paraísos en balcones olvidados,
son poemas, que en papel tengo guardados,
sentimientos como lívidos pañuelos.


Que, prendados a su mágica leyenda,
buscarán un corazón que preste oídos,
derramando sobre él, dulces sonidos,
tiernas flores en palabras, como ofrenda.


¡Qué el poema trovador, suba al otero!
¡Qué se eleve más allá de las conciencias!
Más cercano que su arte, está su ciencia,
más vital y al ser humano, más sincero.


Más palabra desmigada de la hogaza,
pan que sea por el pueblo consumido.
que su impulso siempre muestre su latido,
como un rayo penetrando en su coraza.


El aliento que construya y edifique,
ese muro en que frenen sus pasiones,
una ráfaga de sueños e ilusiones,
que, al humano corazón, lo dignifique.


Poemas a la vida, al amor y a la verdad,
conciliando un sólo fin en la alegría,
con la luz que nos alumbra cada día,
poesía con total honestidad.


Volaremos sobre el cieno y la materia,
dejaremos a la angustia sepultada,
hallaremos nuestra meta realizada,
en los huesos que alimentan la miseria.


Así ideo los poemas que os escribo,
desde el fondo decorado de mi mente,
dulces granos para una tristeza ausente,
que en el aire las señalo y las recibo.


No florecen y será por la dureza,
que en la vida sin labrar es encontrada,
 porque siento en su volumen, tan pesada,
que declino por temor y por pereza.


A la espera de una mano delicada,
que se preste a sus labores decidida,
sobre un rayo postrero, pues la vida 
es la suave caricia prolongada.


Así espero que una flor, ya germinada,
brote en pétalos radiantes de color,
así esperan mis poemas, el fulgor,
que rescate mis palabras de la nada.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





domingo, 11 de agosto de 2024

Recuperemos los valores esenciales.

Soy el fruto de la dicha en un anhelo,
quien te muestra siempre sus mejores galas,
mi tristeza quedará bajo mis alas
y mis sueños se remontan hacia el cielo.


Soy muy frágil, como humano hecho de barro,
pero llevo en esta vida la intención,
de mostraros en abierto el corazón,
a través de este poema, el cual os narro.


Es difícil, a la vez que complicado 
describir en un poema un sentimiento,
que nos sirva de esperanza y de sustento,
cuando toda la belleza se ha olvidado.


Es muy grave alzar la voz en esta lucha,
intentando transmitir esta agonía,
que se vive sin descanso cada día,
cuando vas perdiendo voz y nadie escucha.


Lo que ocurra, no hace mella entre la gente,
sólo importa caminar, sin hacer ruido,
los valores esenciales, se han perdido,
malviviendo con un gesto indiferente.


Hay un fondo muy letal y más amargo,
que deseo transmitir y demostrar,
no podemos proseguir y caminar,
cuando aún permanecemos en letargo.


Sí nos queda un poco de esa dignidad
que perdimos, pagaremos la fianza,
para así, recuperar la confianza
de vivir nuestra propia realidad.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





sábado, 10 de agosto de 2024

Como ríos que van a la mar.

Acepto el peso de plumas que, sobre mi
dejan los recuerdos, aunque vuelvas de nuevo 
a salpicar mis ojos de chispas, con el acero 
de tus labios.


Para soñar no necesito almohada, sino
tus mullidos hombros, como reclinatorio 
de mis pensamientos.


Hoy he perdido la pluma de mi libertad,
pero para escribir, me basta un lápiz,
tan negro como tu ausencia, cuando formo 
tu imagen diluida entre mis lágrimas.


Acepto esta vertiente caudalosa, porque no sé
a donde me llevarán los rápidos de tus aguas 
y sí es acaso a la mar, quiero morir despacio,
como un sol en el crepúsculo incendiado 
de tus labios.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Un ápice divino.

Tú, sólo tú a instancias en espaciados tiempos. Frescor que, desde tu nívea frente,
desciende en haces de lluvia.
Sólo tú, exuberante melocotón, florido fruto,
voluptuoso para el apetito voraz de un diente,
que brilla con metal de sable.


Pezón que hiendes la carne 
mortalmente oscura y sobre el interruptor 
del deseo, pulsas ese contacto en un impulso,
que entorna los ojos que soñaron vararse 
sobre tu cuerpo.


Sólo tú posees ese ápice divino, 
que el hombre sueña 
cuando adora a una mujer.
Enciendes la hoguera que calienta los cuerpos 
y la carne, en un beso que nace frío, tornándose cálido sobre la piel, al contacto 
con tus manos.


Enciendes una nueva hoguera, en los ojos 
que crepitan entre el jadear del viento 
y el suspiro exhalado, entre el abrazo 
que ciñe tu cintura y una corona de besos,
prendida sobre tus sienes.


Tan sólo tú y la noche, la noche bienhechora,
cautiva en tus ojos y en el titilar 
de las estrellas.
Entre sombras, tu boca succiona mi alma
y como mar en mis arenas, tu mano 
se enmaraña en mi cabeza, ensortijando 
mis cabellos.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Esta nave, ante ti varada.

¡Destrózame en pedazos!
Quiero ser infinito, infinitamente tuyo.
Porción, molécula de un ser que, cada ínfima 
parte, lleva un universo, todo un universo 
para ofrecerte.


¡Destrózame al amarme! Que así sabré
hasta qué punto me sientes tuyo.
Aráñame hasta la médula, amor. 
Descubre lo más íntimo, lo más intenso 
de mi ser.


No, no es pecado. Pecado sería la renuncia 
y yo te pido tu total aceptación.
Te pido ese cielo, en tus ojos se deshace 
en luz de luna.
Espejo de aguas que se cristaliza en tu aliento.


Parámetro de encuentros entre tu piel y la mía,
llama que, desde tus labios alimenta el volcán 
de mi corazón.
Tu cuerpo de nieve fundida, para moldear 
con ternura el amor o esa ola que brama 
en espumas núbiles, cubriéndonos de astros.


¡Destrózame contra tu arrecife!
Soy la arena de la playa, que besa tus plantas,
cuando hacia mí llegas.
Lengua sabrosa, que acaricias el armazón 
de esta nave, ante ti varada.


Naufrago en la humedad de tu cuerpo de alga,
durante un acopio de brisas, que conforman
la tempestad de mis pasiones.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




El cielo deshojado. (imitación al soneto en arte menor)

Siento un cielo deshojado 
sobre mi cuello en caricias,
cándidas manos, delicias 
que nunca hubiera soñado.


Amores que son de estío,
sobre una piel, ya marchita 
y una llama que crepita 
en un sonoro ¡Amor mío!



Soy un pájaro que cesa
su largo vuelo, anidando 
en el árbol más frondoso.


Quien, cuando tus labios besa,
su amor te ofrece cantando,
porque al amarte es dichoso.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




El sol asoma de nuevo tras la tormenta.

Ha cesado el rayo que, en agujas de diamante,
hería la carne que pendía del árbol
 de las horas.
Hay una curvatura que se doma 
sobre los lechos, donde reposan las aguas 
vegetales y el suave pigmento, que se adhiere 
a la piel inconclusa, impregna la faz 
de la hiedra.


El remanso, abriendo sus muslos de plata,
destella ante el fúlgido sol y un tórax de escamas, decrece ante el límite que 
el cabello suelto, establece entre la caricia 
y el rumor de olas o besos.


Se detiene apenas un paso, el pie que entre
las nubes doradas, se sumerge travieso 
en las espumas del día.
Una alegoría en carros de fuego cabalga 
sobre la matriz del firmamento.


No me preguntes si existe Dios, he visto 
en las llamas su ojo celeste, perdiendo 
su ígnea pupila en la inmensidad de la noche.
He sentido su aliento de jazmines en el beso 
enamorado de una mujer y su bondad,
extenderse como una piadosa lágrima azul,
en la vastedad del firmamento.


Ha cesado el rayo, el temor al látigo inmisericorde.
Ha nacido una nueva fe, mandarinas 
de sueños, para la árida garganta que sufrió 
la vigilia.
Vendas blancas, para los ojos sin amanecer,
donde la noche impuso su imperio de terror.
Arpas con fibras de corazón, para aquel
que perdió su identidad, en medio de 
la desolación del desierto.
Lágrimas de azúcar, para quien transpiró 
en su cuerpo, vinagres de amargura.


Ha extendido la gran ave su vuelo 
y sus alas de inmaculado salmo, ha rozado 
las cenicientas cabezas de los hombres,
temerosos de su destino.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Evocación de una realidad figurada.

No implores la pausa, nada se detiene.
La vida atisba óvalos circunspectos,
en los recodos de cada esquina.


Después del destierro, de tanto destierro 
de lágrimas, el llanto se sufraga al descender 
desde los vórtices del dolor.
No bebas en mis ojos. No sé qué extraño encanto poseen los tuyos, que me pierdo 
en sus horizontes.


No detengas el paso, las calles son gargantas
ávidas que devoran a los caminantes.
Algo más de inocencia sobre la rama azulada,
que se detiene ante las puertas.
Algo más de cristal sobre la mesa, 
donde posamos los recuerdos.


Nunca esperes de mí, besos de hielo,
he bebido poco nácar de tus ojos y, aun así,
asisto a la pirotecnia del pájaro, que pliega 
sus alas sobre mi crudo corazón.


Gáname a golpes de rumor, con susurros 
nocturnos o velas que eternicen la profundidad 
abismal que hay en tu mirada, con la cera
de tus manos, que al tacto se derrite sobre
mis sentidos.


Sin pausas. La pausa nace de ti.
Tu rompes el tiempo y el silencio, sobre
mi cuerpo de mar, exudando tu amor 
en cada poro de mi piel.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.