Parece cortar un suspiro, un aliento retenido,
al borde de la boca, cuando el dolor quema
por dentro y su caudal se desborda para
sofocar ese fuego que nos consume.
A veces, la alegría en la emoción es tan intensa que,
como un mar inmenso, merced
a las tormentas que lo agitan,
en nuestro interior hay una lluvia incesante
que, en los párpados queda retenida y llega
a precipitarse, llenando las cuencas
de los ojos, del agua primigenia, durante
el nacimiento de nuestra dicha.
Somos un barco a la deriva, en los mares
de los sentimientos, cauces que divagan
entre sus aguas, con los remos en alto,
esperando una respuesta
y el corazón naufraga, perdido en un horizonte
que nunca llega.
En cada travesía, existen distintas líneas
de flotación, y la gran duda ante un posible
naufragio.
La lágrima seca es un cristal de angustias,
pero en su forma natural, es una cascada
de ruidosa carcajada, que se desborda,
cuando el arroyo se transforma en un río loco,
que se congratula de ser el origen de todas
nuestras alegrías.
Escrito en Enero 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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