proceden de la tierra, con la blancura
de la cal o la espuma de mar,
que baña mis pies.
Mis huesos son la fortaleza
de mi espíritu, de una carne
que se marchita en los pétalos
de la juventud, que ayer nacía
para dormir en un hoy y desaparecer
mañana.
Mis huesos, armazón de mi arquitectura,
cuando mi pensamiento busca
la lógica conformación en su misma
solidez.
La pureza de la muerte,
hace que permanezcan, cuando
todo se acaba y las miserias de la carne,
nutren al gusano, que desde
su ceguedad, vuelve a la vida,
aprovechando el deceso de otros.
Ciclo de sellos, impresos en el alma,
que buscan la eternidad entre los restos
de la carne y la blancura de los huesos.
Escrito en Agosto 2017 por Eduardo Luis Diaz Expósito."zuhaitz".
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