viernes, 9 de agosto de 2024

Aguijoneando ausencias.

Oscuridad en el plano horizontal, donde 
un párpado pliega las negras pestañas 
sobre el dintel de un ojo abatido.
Una vorágine de llamas humea
sobre la cabeza que medita la última sílaba 
de una palabra.


No quiero pronunciar su nombre en vano,
no son suficientes los labios, ni las manos.
Mi boca se llena de sonidos que huyen,
cobardes sin cuerpo, escondidos entre 
los dientes y una lengua balbuceante.


Dos pliegues sobre un mármol que se resiste 
a ser vencido.
Bajo una túnica esclerótica, el absurdo 
toma forma de avispa y aguijonea
el cráneo fosfórico, para completar la ignición,
reduciendo a cenizas la razón.


Mecedoras con brazos de cadenas, rodean
las sienes del anacoreta y una burbuja ocular, 
escapa como fresco manantial 
por la rugosidad ceñuda de su frente.


Soy yo, ensimismado en mi pesadumbre,
hasta que tu imagen viene a mí.
Tréboles, anémonas y salamandras,
forman un trígono.
Tus ojos de miel siguen brillando en celestes 
esmeraldas.
Sobre el plano horizontal, mis párpados 
se cierran y se entornan para ti en el mágico 
velo de mis sueños, durante tu ausencia.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




No me niegues de tus manos la caricia.

No me niegues de tus manos la caricia,
que, al sol temprano, el aura le destella.
No me niegues tu cuerpo de doncella,
ni el dulce beso, que en tus labios se propicia.


No me niegues amor, tu blanca mano 
y ese aroma de jazmines escondido,
ni el placer de amarte y ser sentido 
piélago vital, extenso y llano.


No me ocultes más tus ojos, dulce miel,
de extraña luz, que se muestra difusa,
no te nutras de recelos, son la excusa 
que me aleja del contacto con tu piel.


Alma para un corazón desaforado,
amante en ciernes, mariposa en vuelo,
que acude a tu presencia, como al cielo 
los astros han escrito en su encerado.


Deja al viento tus cabellos esparcidos,
que sí acaso siento celos de la brisa,
también habré de hallar en tu sonrisa,
las notas que acompasen mis latidos 


Pues soy mortal, tan sólo amarte 
eleva en alto rango mis virtudes,
que no es tan sólo amor, nunca lo dudes 
es más, de lo que yo sueño entregarte.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito,”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



Feliz Mortal.

No me impiden los dioses amarte,
porque destellas la luz fugitiva, que a un 
ojo sabio deslumbras en ardientes soles.



No me impiden el paso, las almas que,
en médulas cristalinas, ascienden todo fuego 
en lenguas que saben de un ápice de carbono,
que, desde sus axilas abiertas, se ensortija 
durante tu entrega.


Aunque la sangre llore una roja melancolía,
un cúmulo de senos, flota sobre el horizonte 
de mis labios y los beso tiernamente.
Fruta agreste, manjar que a los dioses
les fuera negado, pues su condición 
de inmortal, les impide el gozo de la carne.


Feliz soy, que nazco del viento, para crujir 
sobre las cenizas del hombre.
Feliz yo, que sufro tu ausencia, 
pues en nuestro encuentro me vierto,
 cual sí fuera cántaro de agua fresca,
nube descendida desde la cumbre 
de la montaña, que el sol reverencia y dora
en las tardes de estío.


Feliz yo, mortal, que sé del placer de amar 
y entregarme extensamente, como un mar 
exhausto, ante la candidez de la aurora.
Así, así, desleído entre blondos cabellos 
y azotado por las sierpes que coronan 
tu inmaculada frente.
Así, como un astro a punto de estallar,
porque no caben, ni más luz, ni más gloria 
dentro de su ser.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



jueves, 8 de agosto de 2024

Revolución sin revolución.

Arrabales de polvo se ciernen sobre las sendas 
de algún caminante, que olvidó sus pasos,
como una flor marchita en el estío.
Convocábamos a los arcos celestes 
y nuestras bocas de amplias bóvedas,
se alzaron sobre los capiteles de la voz.


Teníamos la inquietud del despertar 
ante un nuevo firmamento, más azul,
más extenso si cabe.
Royendo nuestras miserias y arañando 
con crudeza, aquello que nuestra juventud 
no podía aceptar.


La fe fue un cheque sin fondos, que cada cual 
debía rellenar con sus ideas y firmarlo
con sus obras.
Oteamos nuevas banderas sobre el horizonte,
que ondeaban como lenguas burlonas 
de una política en desuso.


Vimos la sangre, salpicando los muros 
que el hombre había construido y dejamos 
sobre la tierra, las espadas ya oxidadas,
para esgrimir la palabra.


Nos dimos cuenta de que el mundo 
tiñe la aurora con la sangre vertida 
y el progreso social, no es más 
que un mausoleo edificado con todos
los mártires de la historia.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Bajo el influjo de un dulce hechizo.

Desciendes leve y aérea, como un copo
de nieve y te deshaces al calor de un pecho 
que sueña primaveras.
Hojarasca que, al tiempo, cruje otoños 
de soledades olvidadas en la bodega.


Los recuerdos son vinos añejos, polvorientos,
que dan paso a la juventud de una parra,
que promete un amanecer, en medio 
de la aridez de la tierra.


No es verdad ese miedo, que parece asomarse 
como un sol vespertino a mis ojos.
Es tan sólo el hechizo, que no deseo romper,
ese milagro producido, que congela
los segundos del reloj, esa estancia de ámbar,
quietud o remanso, donde el alma se acomoda 
entre los almohadones de luz de la esperanza,
tal vez, por sentirme mortal y por ello…
polvo en el viento.


No sé el punto exacto, donde la razón 
y la locura, se amalgaman para formar 
la imagen de un sueño.
Conozco el parpadeo, el éxtasis sentido,
cometa fugaz que, como el fuego de un cañón,
bruñe la piel oxidada y renueva el flujo 
subterráneo, que en la epidermis se transforma 
en el tibio calor del gozo.


Te he sentido en pétalos de claveles,
reventado en tus rojos labios.
Te he sentido en aromas narcóticos y celestes,
que adormecen la razón y despiertan 
la algarabía de vivir detrás del espejo 
dormido de tus ojos.
Te he sentido en ciernes, amapola entre
campos de trigo.
Tu piel abierta, pradera de extensos y secretos 
pliegues, bebiendo las gotas, que desde
un cáliz celeste, descendían calientes.


Como amor henchido en una nube o corazón 
inmenso, que llora lágrimas plateadas sobre 
una tierra maternal.
Me he recogido en tu regazo amándote,
como ama la flor la luz de la aurora.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



Piromanía.

¡Derribad los muros, la techumbre oxidada
del egoísmo!
Ved como crepitan los corazones sucios,
cuando sus manos tratan de rescatar 
un tesoro de entre el fuego.


No lloréis de impotencia, puede más
una voluntad sin herrajes, que las cabezas
que llevan pesadas coronas.


Si, ya sé que puedo parecer estúpido
al pensarlo y que nada cambia bajo el sol,
pero os aseguro que mañana puede ser
distinto, sí una mano se une a otra mano 
desnuda y se funden sus fuerzas.


Tened el corazón en celo y en vigilia,
desde una leve llama se puede alzar 
una gran hoguera.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



Tu imagen en mis sueños.

Musitaba tu nombre y no pude recordar 
el mío, porque me deshice lentamente,
desleído en caricias.


Cuanto más te abrazaba, más cerca sentía 
la imagen que, de ti me habían mostrado 
mis sueños.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





miércoles, 7 de agosto de 2024

Brisa veraniega.

Siempre camino despacio,
con el sol sobre mi espalda 
y un calor que siempre escalda
con su brillo de topacio.


El cielo es la claridad 
y en ese único intento
respiro, sí sopla el viento,
con fiel regularidad.


La brisa sólo se adueña 
de mi cuerpo solitario, 
cuando contemplo a diario,
el calor que se desdeña.


Calor, me suda la mano,
necesito respirar 
esa brisa, que del mar
disfruto en este verano.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.” zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





Imágenes.

Soy una sombra de musgo sobre tu piel 
de blanco álamo.
Los pájaros anidan en la frondosidad 
de tus cabellos y un místico son, asciende 
desde tus plantas a tu cintura.


Intento remar a duras penas, pues mis labios 
son esquifes sobre las ondas que en tu cuerpo 
se producen.
Alas batientes, como pestañas durante 
un parpadeo, dejan entrever la claridad 
de unos ojos que rebosan miel.


En ellos veo el carbón encendido 
de mis anhelos, que gimen 
como gatos nocturnos en celo.
Me hiere la seda que te cubre y quiero sentir 
tu desnudez de pálpitos, como saetas
de un reloj, golpeando mis sienes.


El frío perpetuo del mármol en tus labios,
se deshace y tu lengua abre un paréntesis 
a la provocación inusitada de un placer 
jamás sentido, tal vez soñado o imaginado.


Mis sentidos son hormigas que portan azúcar 
y recorren vertebrados caminos,
dejando un rastro de hojas o palmas,
sobre las dunas que el viento espolvorea,
en susurros de cálido aliento.


Ojos de fuego, que os prendéis en la noche,
como camafeos sobre el pecho adorado.
La palidez de la luna se muestra ingrávida,
sobre un cielo de espejos y azogue herido,
que se adosa sobre tu frente triste.


Resurrección marmórea de espumas,
que una mano arrebató a la vastedad 
del horizonte.
El sol abrazó a la mar y dejó su rastro 
de caracol vencido, en un estandarte 
de olvidada saliva sobre un empañado cristal.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





¿Quién puede entender la vida?

¿A qué brillante pregunta,
le deberé una respuesta?
Sí a cada mención propuesta,
surgirá otra por presunta.


Sí la pregunta es ingente,
desde el centro, en tu razón,
pon tu fe y tu corazón,
mostrándote inteligente.


Nacemos con la intención 
de hallar respuesta a la vida
y en esa justa medida,
se ignora la Creación.


Y morimos, sin saber 
la respuesta a alguna cosa,
la vida es muy caprichosa 
y no se puede entender.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz “.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Los pasos precisos.

A un paso medido 
no ha de sobrarle,
la huella que nunca
ha de alcanzarle.


Los pies en la arena,
“dama sumisa”,
la ola que llega,
crece deprisa
y cubre en su lamida,
¡Tanta huella desmedida!


Así son los hechos 
que forman la vida.
Unos perpetuados,
son la huella dulce 
que nada deja hollado.


Otros desmedidos,
atroces en medio 
de tanta oquedad…
Acaban vencidos,
terminan borrados
por la mano justa
de una tempestad.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



El último acorde de una sinfonía.

Una línea irregular flota a una altura 
que mis oídos pueden percibir.
Es la música, ese camino de espacios
horadados que deja en el letargo,
 una impresión de huellas indelebles.


Olas crecientes de cinco sentidos,
que, a través de cinco estados, crecen 
afianzando su paso.
Pájaros fugaces en vuelo exhausto,
que descansan en leves compases.


Enredaderas, que al musgo decrépito 
atenazan, sosteniendo en largos dedos,
columnas de agua metálica, donde una cuerda 
acaricia firmamentos cromáticos.


Siento esa levedad de moho, que se desprende
 de las fibras íntimas de las túnicas del aire.
Una ebriedad de gozo, que derriba muros 
calcinados, donde tortugas melancólicas,
patinan con extremidades de alga.


Un vacío existencial, cubierto de telarañas 
que tejen la plata, allá donde el fulgor 
es sólo la llama que, desde un pecho de ónix,
asedado con betas de gasa y tules, se alarga 
en lenguas nerviosas.


Escarceo de ninfas, que juegan a esconder 
su desnudez y nuevamente se muestran 
engalanadas, dejando en el aire un leve 
suspiro, que intenta resistir a perderse 
en la lejanía, en la inmensidad del olvido 
y permanece flotando en una última nota,
prendida al éter en un dorado sortilegio.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



¿Cuánto amor tiene cabida en esta vida?

¿Cuánto amor tiene cabida en esta vida?
En el cuerpo, tras el paso de la historia
¿Cuánto amor se sostiene en la memoria?
Sí se ha amado, eso ya nunca se olvida.


¿Cuánta pena innecesaria nos rodea?
Sí podemos remediarla en un abrazo
y guardar con nuestro amor en el regazo,
lo que siempre se echa en falta y se desea.


¡Cuánta pérdida y cuánta soledad!
Todo el tiempo se nos queda en el olvido,
pues pasamos y no habremos conseguido 
expresarnos con total honestidad.


El temor es por sentirnos descubiertos,
pues pensamos que otros obran con maldad 
y vivimos una ingrata realidad,
en la cual es un deber estar despiertos.


No soñamos, ni se puede imaginar 
otra vida, sí nos falta corazón 
y podemos obtener otra visión,
sí alcanzamos esa dicha, que es amar.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.








martes, 6 de agosto de 2024

La espada horizontal de una sonrisa.

Quien alza su mirada, rompe un espejo,
pues su alma tiene la capacidad de traspasar 
esa frontera de vidrios opacos, que unos ojos 
sin reflejos, acrisolan en la entraña.


Navega sin temor sobre las ascuas, porque 
el rojo que se desprende no es fuego abrasador, 
es la sangre.
La sangre toda que palpita sobre los ríos 
de la razón y el sentimiento, en cuyo cauce 
el corazón se desliza con las velas hinchadas.


Oxígeno vital que, en un suspiro, el aura
de un rubor iridiscente, se eleva en un destello 
derramado.
Quien mienta a su sombra, ha de hallar la luz,
pues no quedarán penumbras, ni oquedades
que no se puedan cubrir de claridades.


Cuanto más bebido es el gozo, más crecerá 
la luz, allá en el pozo.
Distante es el sendero, recamado de tristezas
y recuerdos olvidados.
Saetas quebradas por el viento, dolores 
como los granos del trigo, que supimos 
vencerlos con bravura.


El agua de una lágrima vertida y una amplia 
sonrisa, como levadura.
Así crecen los hombres y los hechos,
esgrimiendo la espada horizontal 
de una sonrisa.
Sin prisa.
Olvidando su dolor, allá en los trechos.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Convergencias Celestes.

Oasis, agua ya bebida del manantial 
de tus labios. Un impulso, un estertor de mimbres apilados.
Una leve caricia sobre la piel tendida 
y un parpadeo de luz sobre unos ojos 
que sueñan profundidades de cielo 
y abismos deslizándose por el acantilado 
de un cuerpo entregado a las mareas inermes
de un beso.


Estallidos a flor de piel y una boca pronunciando silencios 
con zumo de linfa.
La sangre toda al extremo de los miembros 
y un hálito que se confunde con el jadeo 
de un crepúsculo declinado.


Sombras, siluetas enlazadas en la densa bruma, celeste ámbito, donde el encuentro 
de unos poros ajenos, provocarán la succión 
de unas cavidades hacia remotas pulpas,
cuyo ámbar se derrama sobre el cáliz 
de nuestras bocas al besarnos.


El espacio reducido entre dos pieles,
los dedos dibujando estelas sobre el molde 
aún reciente de un amor recién nacido.
No preguntes porqué, la respuesta está 
entronizada en mis pupilas y sólo la hallarás 
en la convergencia de nuestras miradas.


¿Me amas? ¿Cuánto?
No sé, un sentimiento definido no es 
una etiqueta que tratamos de adherir 
al firmamento y sólo los hechos se definen 
por sí solos.
Cuando amamos…sobran las palabras.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



lunes, 5 de agosto de 2024

Juego de cartas.

Era una noche sin luna, tan sólo las estrellas,
como lágrimas celestes, lloraron su ausencia.


Quise llorar con lágrimas secas y el mar 
me recordó que soy agua, que se desborda 
en emociones.


No me lamento de mi destino.
Aún sigo vivo y la última carta no está 
sobre el tapete.


Hasta en el vacío soy capaz de abrazar 
a alguien… A mí mismo.


No sé por qué las preguntas intentan buscar 
su propia apariencia en las respuestas.


¿Estás? ¿Estoy? ¿Dónde?
Qué importa si somos conscientes 
de nuestra presencia.


En el amor, un vacío tratamos de llenarlo 
con los besos que perdimos durante 
tu ausencia.


No sé porque lloro cuando me emociono.
Tal vez porque estoy vivo.
Las calaveras sonríen para ocultar 
un profundo sentimiento de soledad eterna.


No callo, porque no quiero admitir que 
el silencio pueda ganarme la partida.


Sólo tengo mi piel para intentar enmascarar 
lo que brota desde mi alma, a través de mis 
poros.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Colores para la vida.

Azul es tranquilidad, 
como el mar en que navega 
la esperanza que nos llega
y se torna realidad.


El verde es la sanación 
del alma que vive en pena,
buscando una vida plena
y busca una solución.


En el sol de cada día,
amarillo es la alegría 
y el color anaranjado 
el día que ya ha pasado.


El ocre y el ceniciento 
son fruto de una penuria 
y el rojo intenso, lujuria
o pasión de un sentimiento.


Hay amor en los colores,
porque en el tono hay amor
y otros muestran el dolor 
en múltiples estertores.


Hay tonos que son calientes,
como los rayos solares
y otros fríos y dispares
como el agua de las fuentes.


Colores para obsequiar 
todo un plantel de belleza,
que por su naturaleza 
los podemos disfrutar.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Segundo a segundo.

Es el tiempo con tintes de esperanza,
aves migratorias, a cuyo paso, se desprenden 
algunas de las plumas de sus alas.
Constancias, reverberaciones de cascos 
sobre las praderas.

El paso sinuoso y desmedido, jinetes 
con penachos de apóstrofe, estigmas 
y algunas piedras blanquecinas a orillas 
de la calzada.


Caminos en ciernes que se ensanchan,
como una gran matriz, vomitando engendros
sin forma.
Aguas sin modelar, mármol frío entre los cuerpos ardientes, 
relajados en la laxitud de las horas.


Ese golpe rítmico de instantes, que algún alguien bebió, 
sin calmar su sed, 
porque la sed de infinito muestra un camino 
oscuro en medio de una luz imprecisa.


Tu alma es una bóveda más, entre las infinitas 
bóvedas celestes y en la corcova del tiempo 
no caben ni tus lutos, ni tus galas…
No hay ornamentos.
No hay respuesta ante la mudez de la espira
provocada, que se desenvuelve 
como una boca, cuya avidez devora 
los fragmentos de una vida.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




El borracho.

No lo entiendo.
No entiendo la incertidumbre de un labio
que pronuncia maldiciones y ahoga su cuerpo 
en vapores etílicos.
Esa telaraña de palabras desprendidas 
desde las neuronas, que caen 
en un precipitado descenso al caos.


Borracho, no sé sí por desprecio o compasión,
tu vida navega en medio de una tempestad 
y no te das cuenta.
Tu naufragio es inminente, caudales de sangre 
enardecida y el paso impreciso 
hacia un abismo de filos cortantes, desmembrando tu lengua opaca e hinchada.


Ínsulas del tamaño de un hígado escupido 
y esa mortal soledad de habitaciones umbrías.
Peldaños rotos hacia un desván,
donde sepultar las penas, que emergen 
en la marea de tantas espumas secas.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Espera un poco.

Es demasiado pronto amor, para seguir 
los pasos a la aurora.
Para descubrir los pechos al calor 
o a la humedad de la noche.


Es demasiado pronto para anudar tu cuerpo 
junto al mío, e imaginar un desprendimiento 
de tierras sin labrar, donde la piedra aún reina,
hiriendo con sus aristas un lecho
 no acomodado.


Es demasiado pronto ¿Y qué decirte del deseo, 
cuando mis sábanas gimen tu ausencia.
¿Qué más puedo decirte? Sino que aún 
quedan hilos sin bordar, que como pestañas 
cubren mis ojos.


Ganemos tiempo al tiempo. 
El futuro se construye hoy para mañana.
No es temor, es tan sólo que quiero sentir 
mis manos repletas y en alto coro,
llevar sobre mis palmas, mi amor con gotas 
de miel entre mis dedos.


Es tan sólo la costumbre adquirida 
de desprenderme como una lluvia de guijarros 
sobre el lecho de un río y desgastarme
en sus aguas, en múltiples 
y húmedas caricias.
Bajo el sol, bajo un mismo lecho.
Amante de las aguas.
Amante de la luz.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





Morir es también…

Es tiempo de recordar, de abrir un hueco 
en la memoria, ungirnos con las cenizas 
del pasado y rememorar viejas historias.


De contemplar las llamas y acariciar 
el viejo tronco bajo la chimenea.
Anoche llovió plenilunios sobre los tejados 
y los gatos llevaron la luna prendida 
sobre sus lomos.


Anoche dijiste adiós con ademanes de pizarra 
y el bosque testificó un último beso,
cuyo sonido quedó fundido con el crujido 
de una rama pisada.
Ambos sonidos volaron al éter.
Un corazón se enredó entre espinas y el otro 
se deshilachó entre suspiros.
Atrás quedaron en la memoria.


Es tiempo de recordar, es tiempo de morir 
porque morir es también… 
recordar que se ha vivido.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Más profundos que la mar.

Puedo ser lo que tú quieras, porque tengo 
una capacidad de amar del tamaño 
de una virgen no nacida.
Deseo unos pétalos calientes sobre los poros 
de mi piel, ansiosa de caricias.
Labios, cuya sensualidad, no es otra
que la de un cielo entreabierto, a la espera 
de un ave que desgarre con sus alas,
la dureza de un azul indefinido.


Puedo ser tierra, porque amo el verde,
y el rocío, que como estrellas de plata 
se prenden sobre tu cuerpo.
Puedo ser luz, rayo de sol primero,
creciendo en dedos que se estiran 
paternalmente sobre todos los seres.


Puedo ser la larga agonía de una noche 
sin luna, a la espera de ese contacto 
o choque de astros que generen la creación 
de un nuevo mundo.
Puedo ser cuanto quieras, porque mi alma 
no es piedra, ni angostura de arrecife,
no soy espina traspasada por el cierzo.


Hay un viento que recorre mis huesos 
y me susurra nombres, formas de mujer 
y labios de fresa que se estrellan sobre 
mi frente.



Demasiado amor para un mortal.
Las voces de la inmortalidad me declaran 
frágil y me alegra descubrir el secreto 
de la vida, en esa prolongación de mi ser
hacia el infinito y el gozo de ser espuma
entre tus dedos.
De ser el bastón de un anciano o el primer 
amigo y compañero de juegos de un niño.


De ser amigo, amante, confidente, pañuelo 
de lágrimas o el vendaje que cubra
tus heridas.
Me alegro de intentar amar al amor 
y sentirlo desde los cuerpos y almas,
que presiento más profundos que la mar.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




domingo, 4 de agosto de 2024

Sólidos pensamientos.

Sobre el mar y a la deriva,
los pensamientos fugaces,
como palomas torcaces,
vuelan sobre una misiva.


 Vuelan buscando un destino,
hasta unos castos oídos,
propagando con sonidos,
su impulso sobre el camino.


El pensamiento es acción,
que nace de un sentimiento,
en un claro hermanamiento 
entre locura y razón,


Pensar, resuelve razones 
en un recto devenir 
y será justo admitir, 
que no hay contradicciones.


Quien se ejercita en pensar
y su tiempo le dedica,
sabrá bien lo que predica,
pudiéndolo demostrar.


Pues llega a la comprensión,
de que la mente no engaña,
sí su idea no es extraña
y le pones corazón.

Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”. 

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Nosotros.

¿Cómo colmar tus labios sedientos,
sí mi boca está sedienta de ti?
Abrazo un imposible, pero soy feliz,
la distancia no importa.
Mi amor es arco, que siempre puede 
ser tensado un poco más.


No me colman ni el sexo, ni la palabra,
sino esa caricia, que como el viento 
rodea mi cuerpo, rendido a la ternura 
de una mirada que derrama miel
y a unos brazos que moldean mi cariño.


¿Cómo frenar ese síndrome de ausencias,
que hace de nosotros, dos extraños 
que se aman?
Sí, tal vez sea el dolor quien aumente 
los deseos y cuánto más te pronuncio,
más noto esa fuga, que de mis labios escapa
y se prende sobre tu pecho.


Dos hogueras que se consumen, sin llegar 
a conocer el origen de las llamas.
Dos vertientes, dos cauces que quieren 
fluir a un mismo tiempo.
El mar no ha llegado hasta el remanso,
o tal vez nosotros no hemos llegado aún 
a dicho remanso.


Debemos estar locos, nuestro mundo 
es una quimera, una leve espuma, por encima 
de la línea de flotación de la realidad.
¿Emergemos o nos hundimos?
¡Ah! ¿Quién sabe qué es amar?
Somos náufragos en una playa limítrofe 
con el cielo.
No alcanzamos el horizonte, porque 
nuestros sueños nos pesan 
sobre los párpados.


Quien conceda un ápice de luz a la esperanza,
encontrará su propio resplandor.
Confía, cercano está el amanecer.
Nuestros cuerpos desnudos, brillarán 
al despuntar el alba.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Sobre el papel.

Me voy deshaciendo línea tras línea 
en un papel.
No sé sí alcanzaré la dimensión que me
he propuesto.
Mi vida está vacía por dentro y repleta 
por fuera.


Tuve el vago presentimiento de una muerte 
temprana y tal vez… esté muriendo en vida.
Soy poeta y decir esto, no es decir mucho.
Me duele el alma, porque bebo mis propias 
lágrimas y nadie lo nota.


Nunca pido compasión, pido humanidad.
Sí escribo bien o mal, es porque quiero 
ser capaz de abrir las conciencias.
Voy dejando mi juventud, 
como único testamento sobre un papel 
y sí alguien lo lee, le pediría que busque 
lo que hay detrás de cada palabra,
lo que callo y lo que digo, lo que sugiero 
sutilmente, lo que denuncio y lo que anhelo.


Ni Cristo, ni Barrabás, tengo mi parte 
de ambos.
Tengo la suerte de saber que Dios 
es duro de oído… pero no es sordo.
Me voy deshaciendo poco a poco,
quedándome en el aire, a golpe de palabra,
a golpe de amor, sazonado con algún 
disgusto.


En ocasiones declina mi esfuerzo,
cuando mis párpados pesan y el sopor
del sueño es irremediable.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




La Espera.

Como colofón de una jornada, una imagen 
imprecisa, una luz ribeteada sobre mi frente,
un seguir caminando, prendido a la magia 
de los caminos, alguna salvedad 
de cirros extendidos y una mano amiga.


Un abrazo y una mirada de ojos tiernos,
una palabra amena y acaso… una canción.
El contagioso ritmo vital de unas caderas decididas 
con marcada feminidad 
y ese ámbito celeste de una jugosa boca
que te habla, mientras deseas ese beso 
que nunca llega, porque puede más tu pudor,
que tu atrevimiento.


Cyrano entre las sombras, acaparador
de sueños de enredadera, que no has de trepar, sino en tu alma.
Cansancio de las horas en el reloj que marca
las ineludibles pausas de espera.
Al compás de las horas, espero esos minutos 
sucedidos y el milagro que nunca llega 
a producirse.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





sábado, 3 de agosto de 2024

Un sabio sólo esgrime la palabra.

Esta espada que ahora esgrimes,
escóndela en buen lugar,
no vayas a lamentar 
lo que hasta ahora reprimes.


El necio nunca ha pensado 
en el daño que ocasiona,
pues nunca ha sido persona 
y jamás lo ha razonado.


Sabio es aquel que labra 
el más noble pensamiento,
pues por su conocimiento,
sólo esgrime la palabra.


Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




viernes, 2 de agosto de 2024

Paseo por el Arenal bilbaíno, al mediodía.

Los pasos se diluyen en los caminos,
como gotas de lluvia sobre una acequia.
Se pierde el rumbo, la dirección 
y las aves trastornan el paso de unas nubes 
ebrias de plomo.


Merindades gastadas por suelas y llantas
de caucho.
Recorro la ausencia muda de las calles 
y las voces se confunden con el carrillón
de la Iglesia.


Suspiros de gasolina, esperan tosiendo 
en los semáforos.
Camino solo y por dentro te llevo,
de pálpito en pálpito.
Mis pies no saben la distancia que me separa 
de ti y mi corazón corre hasta alcanzarte,
latiendo, galopando desbocado,
desenredando sus crines de fibras de ternura.


Al viento, siempre al viento.
Libremente alocado, gozoso 
de tu cuerpo níveo y del destello celeste 
que emana desde tus ojos.


Soy el cálamo, la caña silbante que se arquea
al viento y muestra una reverencia al frescor
de las hojas verdes.
Tu piel, esa sedosa extensión, es el horizonte 
de mis labios, que sueñan posarse como
un rojo crepúsculo, cuando las sombras 
apacigüen los mares de nuestros deseos 
sumergidos, que estallan en una ola
de besos cristalinos, prendidos en tus cabellos 
y originando cascadas de luz.


Recorro calles, oscuras como pupilas 
que se abren a mi paso y a la avidez
de mis ojos.
Te presiento en el viento, en la oquedad inerte 
del silencio y en el canto de las aves.
Las campanas ríen con sus gargantas
 de bronce, alborotando las páginas blancas,
que en el aire describen un vuelo de palomas.


Arenal bilbaíno, mediodía, melancolía 
en la mirada y unas gotas de ilusión,
para vivir en ti, siempre en presente.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Persiguiendo Imposibles.

Me he limitado a sorprenderte,
cúmulo de luz, que a mis ojos acudes,
danza crepitante de llamas entre ceniza,
donde la marmórea naturaleza se convierte 
en lava, ascendiendo en ígneas betas,
celeste dragón de prolongadas lenguas.


Me he limitado a perseguir ausencias,
para hallar en la retama, 
ese don de claridades, que en fugas inconclusas se desprenden 
desde los piélagos de tu sonrisa,


He querido conquistar tierras vírgenes,
pero tu cuerpo mudo, jamás despejó 
de nubes mis horizontes y permanezco 
detrás de ti, soñando besos, rumores 
y susurros, que tan sólo el mar es capaz 
de pronunciarme.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Entre las brasas

No capitulo, insisto en que tú eres necesaria 
para mis manos desnudas.
Sí no ¿A qué otro mar navegará mis caricias?
El amor no es un concepto,
 así que no me detendré a pensar 
cuánto te amo.


No es cuestión de medida, sino de ritmo.
No soy capaz de medir el ritmo de mis 
latidos, pero si el anhelo de acariciar tu cuerpo.


Tu cuerpo deshojado de aristas.
Tu brillante redondez, que mi tangente 
quiere convertir en parámetros de encuentros.
Insisto en la embriaguez de mis sentidos.
Estoy ebrio de ti, del aroma de tu piel,
de su tersura, de tus labios rojos,
de tu ternura.


Besar quieren mis ojos, esa profundidad 
de tu mirada.
Manantial de sensaciones, que a mi piel
se prende, produciendo eléctricos seres.
Son tus dedos, aves en reposo sobre
el cierzo anudado.
Aves vernales de cera incendiada,
cálidas manos sobre las vértebras 
de mis suspiros helados.


No capitulo, te necesito.
Soy el pólen esparcido, que cada día 
renace en ti fecundo, mi morada se halla 
en las cálidas cavernas de tu corazón 
y mi sendero se ensancha, como una sonrisa 
herméticamente abierta, hacia el filo
de tus labios.


Quiero desgajarme en filamentos o 
cabellos que cubran la piel parcelaria.
Quiero ser un estímulo sobre el tapiz alargado 
de tu sombra.
Abrazos, cálidas hojas.
Llama que no quema, porque el fuego 
queda sepultado en la bóveda de tus caderas
y tus pechos brillan, como dos gotas de rocío 
sobre una flor ruborizada.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




No os estimo.

No estimo a las gentes y sin embargo 
creo en ellas.
Creo en el individuo que es capaz de
desarrollarse.
El límite nunca es suficiente para dejar 
de caminar.
La meta no es el final, sino el comienzo 
de otra nueva aventura.


Me proclamo desertor de mi clase social,
lo cual demuestra que no estoy en la manada
si acaso lo estoy, sólo asisto al espectáculo 
de las mentes descerebradas que se resignan 
con su sino.


Sea como fuere, mi nacimiento no determina 
la forma en que he de vivir o morir.
Soy responsable de mi propia vida y procuro 
vivirla con dignidad.
No pretendo la gloria, 
pero si un reconocimiento. Soy humano,
muy a pesar mío.


No puedo solucionar mis defectos 
de fabricación, pero si las holguras 
de mis vicios.
¡No me digáis que todos somos iguales!
Nadie lo es y quien lo piense,
 agrega a su propio peso, 
el peso de su ignorancia.


No os estimo a la inmensa mayoría,
pero amo a la gente que ve más allá 
de lo que alcanza su vista.
A los que creen que aún tenemos remedio.
A los que siembran el trigo, con la esperanza 
de verlo florecer.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.


© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




jueves, 1 de agosto de 2024

Primer Acto.

Hoy no es distinto a los demás días.
Tengo la misma sensación de cenizas
sobre el rostro y ese suspiro cotidiano 
de telarañas polvorientas, que quisiera 
arrancarme de un manotazo.


La gente en el autobús se pregunta 
lo de siempre.
Un viejo tose, una pareja se besa,
como si el fin del mundo quedara próximo.


Un libro extendido y los estudiantes 
hablando en voz muy alta.
Un semáforo inoportuno, nos va a retrasar 
unos minutos imprescindibles.


La duda flota en el aire impunemente.
Una carcajada fortuita en una conversación.
El cielo gris, amenaza lluvia y los niños,
que en la calle buscan infructuosamente
un lugar para poder jugar.


Yo soy el espectador y el actor de este
primer acto. Me gustaría saber 
quien escribió un guion con tanta monotonía.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





Pausas.

Es aquí, en la pausa donde medito límites.
Extiendo mis manos, acaricio el aire en rededor, palpando bultos sin forma,
ni nombre.


La sonrisa desgarradamente abierta,
es un tafetán sobre las múltiples heridas 
que no se ven.
Las cicatrices se adhieren a la piel,
como tela de cebolla, 
que aunque transparente, oculta 
esa lágrima interior que se desprende.


Es aquí donde ceso un instante mi búsqueda,
descansando mi cabeza sobre los remos 
varados de mis brazos.
Soñando esa lejanía de mares inconclusos,
que se alargan paralelamente a mis anhelos.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Metáforas vivientes.

Esos reflejos, que de los cristales escapan,
vienen hacia mí, silueteados escasamente 
por el vidrio.
Celebración de claridades, como rostros
reflejados y dilatados en las aceras mojadas.


Una larguísima pierna se extiende sobre 
su sombra, cuando al caminar, confundimos 
los pasos sobre el asfalto.
Vienen hacia mí y cuentan penurias,
Estrechas vías que rodean las calles,
en las cuales, como ríos, la gente fluye 
buscando un mar recóndito entre miradas 
turbadas y pensativas.


Sin que lo apreciemos, las nubes sopesan 
vírgenes de agua, descendiendo y amando 
la desnudez de la tierra.
Una vez más, bajo los pliegues de las hojas,
se esconderán las aves y amarán el silencio,
quienes, en sus bocas, retienen unos nombres 
sin forma, porque la oscuridad es su aliada 
y en el letargo crepuscular, los besos 
se hacen brisa propagadora de suspiros.


Mientras, alguien arrojará piedras al río 
y el río cantará en charcos, gotas,
salpicaduras de luz.
Se prenderá el ámbar en las copas, aún 
no alzadas y beberán un sol flamígero
las espigas, moviendo sus cabellos 
en un precoz coqueteo de adolescencias
insomnes.


No os durmáis, permaneced como
una lámpara de aceite, en la vigilia 
de las sombras.
Sentid el dulce peso que arrebata 
los párpados extenuados,
 ante la contemplación del galanteo 
del agua y la arena.


He convocado a los silfos y a las ondinas,
para que sean el eco de esas imágenes,
que, sin forma, vagan dentro 
de nuestras almas.



Habitaciones sin puertas, para aquél
que no puede dormir sus pesadumbres
de lágrima copiosa.
Ventanas sin goznes para que 
ningún ruido estridente, ofenda el canto 
del ave trovador.


Sólo quien busca la inmortalidad puede 
abrir los ojos ante los destellos del sol.
Sólo quien sueña, puede besar al mundo 
sin despertar sus iras.
No me contéis penas, las penas son mortales.
Contadme vuestros anhelos y sabré
la distancia que os separa de la magnificencia.
Entonces, con el rostro resplandeciente,
caminaremos juntos.


Los poetas reinaremos en el mundo 
de los sueños, porque somos, sin duda…
Metáforas Vivientes.

Escrito en1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Sobre el lecho del horizonte.

Un anillo de oro cae sobre el mar 
y engarzando el zafiro azul, confunde
sus destellos marinos con el blondo reflejo,
que la miel cautiva en el inscrito 
panal celeste, derrama en pulpa ambarina.


El fuego consume el ocre 
y el verdinegro opaco y transfiere una cálida luz 
de ojo herido, que llora la sangre coagulada 
de un cielo, sobre los cuerpos virginales
de las anémonas, que se estremecen 
en un abrazo de alga amarga sumergida.


Besa con calor la sal y se mezcla 
con un amplio sudor.
De su genital humedad, el rubor se extiende 
 en toda la extensión de su carne y evapora
un anhelo, que sólo las gaviotas conocen.


Sus alas son portadoras de secretos 
y sobre el pico los llevan, alzándose hacia 
el cielo.
El secreto se hace celeste y el firmamento 
extiende sus largos brazos, acariciando 
la mar sobre el lecho del horizonte.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.






Evo (duración de lo eterno).

La esfinge observa y penetra con su mirada 
la vastedad de las arenas, que mienten 
sus limitaciones, porque se adueñan 
del cielo en la línea del horizonte.


El silencio acusa heridas de múltiples alfileres,
que se van clavando poco a poco en la frente 
del firmamento nocturno.


No queda nada más que decir, todo queda 
sepultado bajo la arena y ese fulgor 
que emana por el calor sobre las dunas,
no son ojos, ni son gemas.
Es un cuarzo mortal, ambiguo cristal 
que, bajo la luz, sueña una vida aún no nacida,
un deseo de ser y no ser nada, pues todo 
se reduce al polvo o a la piedra.


La piedra no habla, calla secretos 
que el hombre no llegará a conocer.
Las arenas vagan por el éter 
en diminutos granos, insignificantes.


El viento las lleva y recoge en su seno,
hijas de la sinrazón en el último estertor 
de la roca.
Cada una de ellas, mantiene su fidelidad 
y, sin embargo, cada una caerá en diferente
lugar.
Hijas desahuciadas de la nada, herederas
del desierto, con esa ínfima constancia,
que las hace conocedoras del mundo.


La esfinge lo sabe también, su faz fue piedra 
o arena, mas de la atómica agrupación 
de múltiples “nadas” surgió su imagen.


La vida es la “Nada” que sueña imposibles
y su imagen está formada por las constancias,
que se agrupan como granos de arena,
formando una realidad tangible.


Así pues, la realidad fue creada por 
las innumerables arenas que se originaron 
en la Nada.
Ni siquiera la roca es perenne, 
se desmoronarán cuando soplen 
los céfiros errantes sobre las escaleras 
suspendidas en el tiempo,
volviendo nuevamente a su origen en el polvo.


Las piedras acallan los siglos y dejan 
que los hombres sigan durmiendo 
en su inconsciencia, para que al desconocer 
el misterio único, no provoquen 
la ira de los dioses, que sostienen 
en sus manos el principio y fin de todo 
lo que inmóvil, gravita y gira 
bajo un mismo Cosmos.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Caminantes

Bajo nuevamente por el abismo cotidiano 
de las calles.
He tropezado con un clavo retorcido,
que maldecía su suerte.


A cada paso iba arañando la tierra y su cuerpo 
se encorvaba a cada golpe de ira o martillo.
Maldijo mi aparición y súbitamente desapareció, entre una oxidada multitud 
y cómo entre la herrumbre, un clavo pasa
desapercibido, no tuve tiempo de averiguar 
de quien se trataba.


Nunca me miro los pies, mientras camino,
quedan por debajo de mis aspiraciones,
pero ocurre, que al pensar abiertamente 
en todo, uno se encierra en sus propios
pensamientos y evidentemente, a veces 
mis pies tropiezan con aquellos que si
se los miran.


Me disculpo y mi disculpa no tiene un valor 
tangible y por lo tanto, les resulta gratuita.
Ellos se sienten heridos por una trivialidad 
y yo, herido por mis trivialidades y las suyas.


¿Qué le voy a hacer?
Ellos tienen sus pies clavados al camino 
y yo camino con una estrella clavada 
en mi interior.

Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




Cimientos

Quiero llegar a ser los cimientos 
de un gran edificio.
La viga maestra sobre la cual se apoye
un coloso…El hombre.


Quiero mantenerme siempre firme,
no me importa dónde quede mi nave anclada,
me importa poder narrar siempre,
cada temporal que sobrelleve.


Quiero beber la sal del mar y vestir 
el mineral de la tierra.
Hacerme roca, cuando las tormentas 
descarguen su látigo de lluvia torrencial 
sobre las cosechas.


Hacerme mimbre, cuando la brisa
acaricie dulcemente la mies.
Quiero guardar mi mejor piedra,
la de aristas perfectas y edificar sobre ella,
hijos con frentes sin niebla, cuyos ojos 
se confundan con el infinito azul del cielo 
o la negra magia de la noche.


Hijos con manos de venablo, que silbando 
crucen el aire y cuyos dedos se alarguen 
hasta los más recónditos confines,
para que puedan alcanzar aquello 
que no consiga para ellos.


Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




El amor es optimista.

Sobre la piedra inerte, el musgo verde,
recuerda la humedad y permanencia 
del agua, que fluyendo con paciencia 
hará que en un futuro se recuerde.


Un beso en la sobria indiferencia,
conseguirá cambiar su aspecto austero
y pasarán los fríos, que en Enero,
dejaron en la piedra su presencia.


Así sucede al fin con los amores,
cuando en la austeridad nos va creciendo
ese innato deseo floreciendo,
dejando en el olvido los temores.


Y surge un gran amor, que nos conquista 
con esa solidez que se ha soñado,
sucede que, al estar enamorado,
toda nuestra visión es optimista.


Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.





Tengo un as de corazones.

Me quiero, aunque no me quieran,
no busco su aceptación,
tampoco su aprobación.
ni pienso que lo sugieran.


Siempre evitaré el contacto 
de quien la mano me ofrece,
sí veo que no florece 
ni la educación, ni el tacto.


Nada debo de mostrar,
a quien detrás de un visillo,
aparenta ser sencillo 
y me pretende engañar.


Sólo tengo un corazón,
para la gente sincera,
con voluntad verdadera 
y una buena vibración.


Todo lo demás, me sobra,
tengo mi meta trazada,
prefiero no tener nada
a una absurda maniobra.


Que me haga desconfiar 
de las buenas intenciones,
tengo un as de corazones 
y vida para gozar.


Escrito en Agosto 2024 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.


© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.