Pero… estás como dormida y no seré yo
quien provoque tu despertar.
Es divertido pensar que, ni siquiera sabes
que te observo, que te he tentado
en mi memoria.
¡Si, yo! El pecador.
Sin embargo, no podría confesarte que,
en un raudo soplo de ideas, te he deseado.
Ya ves, por el contrario, lo escribo
y es que el papel es tan blanco que,
hasta mis vergüenzas parecen más livianas.
Ahora rozas con tus dedos, el perfil de tus labios y tu sensualidad no escapa a través
del cristal, como en un espejo, tu imagen
incide difuminada sobre él.
Posees ese atractivo de foto antigua que,
pierde su definición entre las neblinas
del tiempo.
Hay un encanto que, proyecta tus ojos
hacia el límite de los orillos, de una tarjeta postal, bordeando su filo inacabado,
como sí quisieras proseguir un paso más allá.
Imagen viva, que salta del portarretratos,
algo más que carne o forma.
Agua fina que, entre mis dedos escapas,
travesura de la belleza que, no se resigna
a llevar la etiqueta de “ Bella", porque
la belleza se halla dentro de ese caparazón
de poros y piel que se extiende por tu cuerpo,
como una túnica, bajo la cual quedas oculta.
Tal vez te descubra entre mis sueños,
cada noche…a tientas.
Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
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