que hasta el arrecife de mis manos
se extienden.
Olas de metal embravecido, en el jadeo
de un viento ermitaño que,
sucumbe apasionado ante la humedad
de tus huecos.
¡Oh! ¿Por qué restregar un antojo de algas
en un cabello que huye de la piedra.
Piedra o mármol, silencios desvencijados
en las aguas.
El mineral de unos huesos gráciles,
oriflamas de carne desvestida, desnudez toda
que, al pálpito que asciende hasta los ojos,
furtivamente cautiva, como un sexo que,
agiganta el paso y atrapa a esa paloma
de candor que lo desea.
Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
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