lentamente se sumerge en las aguas oscuras
de la muerte.
Me falta valor para ser lo suficientemente
cobarde y quitarme la va vida.
La vida llega encadenada a los dolores,
dolores sin sangre, ni llagas, ni espacios.
Un dolor que implota y se esconde
bajo el pecho.
La suerte infausta, acíbar y almizcle maloliente,
humeante en la memoria.
Ese morir despacio y envejecer por dentro,
alimentando desazones y telarañas,
telúricos temblores y sollozos secos.
¿Porqué? Siempre el porqué.
No basta un acento para armonizar una frase,
sí el corazón es átono, sí el peso de la existencia es igual al volumen de desengaños.
¿Dónde está mi fe?
Voy buscando un motivo para seguir viviendo
y la vida se me escapa, como agua
entre mis dedos.
Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
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