de espejos quebrados, la luz incide
en la profunda ojera de su vertiente.
Devana la historia del ave que estrella
su plumaje sobre el arrecife y escucha
el canto de las sirenas en los huecos híbridos
de las leyendas.
Todo sol es un anillo engendrado en el fuego
y templado con la frialdad de una noche
sin astros.
Pero tú, no levantes la copa rota, poniendo
por excusa tu ávida sed.
El vidrio es un sextante para medir el espacio
entre tu sed y el riesgo que se precipita
en tu boca.
Sí no lo concibes así, sus estrellas ocultas,
romperán con sus dientes, el beso
que sucumbe ante la ambrosía.
Camina despacio, la ceguera de ónix
en la gente, produce una distorsión
en su apariencia.
La extrema confianza o la desconfianza cruel,
devora palomas cálidas, cuyo vuelo roza
la línea de flotación de la razón.
Desciende una hosca penumbra, que se clava
en los rincones deshabitados del espíritu.
A nadie le comentes dónde se halla tu límite,
la frontera que te separa de tus anhelos,
pueden robarte todo, dejarte al desnudo,
hambriento y moribundo, pero una mano mortal,
no tiene la longitud suficiente
para arrebatarle tus sueños.
Escrito en 1985 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
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